viernes, 8 de marzo de 2013

HOY

Hoy es el día. Hoy vas a decidir qué camino tomar.. y tomarlo. De una vez por todas.

Olvidate del qué dirán. Dejá atrás los sentimientos ajenos. No te preocupes, ellos estarán bien. Es hora de salvarte. Y salvarte solo.
Hoy es el día en que empezás a vivir tu propia vida, a disfrutar de tus días y noches. Hoy es cuando sonreís sin buscar el por qué, porque ya no importa.
Desde ahora te comprometés a vivir sin miedos, sin angustias, sin emociones negativas que pudren el alma. A buscar lo que nunca imaginaste, a encontrar millones de cosas nuevas, a vivir a pleno. Este es el día en que comenzás a caminar liviano, libre de preocupaciones, libre de tristezas.
Hoy empezás a vivir por y para vos. A salvarte solo.

Peleas

Soy lo que puedo y lo que me sale. Lo que aprendí y me enseñaron. Soy eso que conociste y aceptaste, aún con mis malos momentos.
También te acepté, desde el primer momento. Sos quien sos y no pretendo cambiarte. Ni puedo. Y es ese no poder el que tanto me duele. Naciste así, así te hicieron, así creciste, así te acepté.
Hay gente que desarrolla la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprenderlo, de dejar de lado lo propio para experimentar lo ajeno. No es tu mayor virtud. No es, tampoco, tu mayor defecto. Es simplemente algo que te haría aún mejor, que nos uniría más, que nos ahorraría sufrimientos.
La capacidad de ponerse en el lugar del otro implica una sensibilidad extrema, y una entrega a los demás de las que muchos carecen. Sentir lo que siente la otra persona es imposible y, aún así, factible.
Sabés desde siempre lo mal que me hace esto, cuánto me apaga, cómo me hiere, todo lo que derriba en mi interior. Has visto los efectos colaterales de mis angustias, de mis encierros, de mis torturas. Me conocés como nadie y así y todo actuás como si no me conocieras.
Cuánto me duele, cuánto me golpea, no poder sentirte tan cerca como estábamos hasta ayer.

sábado, 2 de abril de 2011

Los hombres también lloran

A ti, joven muchacha que reniegas del amor como sinónimo de felicidad bajo la premisa de "Son todos iguales". A ti, que huyes de cuanto sujeto con media sonrisa aparece en el boliche y te toma de la cintura. A ti, que no aceptas a los cualunques que solicitan tu amistad en Facebook. a ti, que sólo respondes las mentions de chicos "lindos" en Twitter. A ti, que crees que por lindos son mujeriegos y rompecorazones.
A ti quiero decirte que los hombres también lloran, y con motivos de sobra.

Maximizamos cualquier mínimo conflicto. Tenemos un humor distinto por cada etapa del ciclo menstrual. Sobreanalizamos la carita sonriente que una de sus amigas posteó en su muro. Lo llamamos sólo para gritarle.. y llorar y cortar. Decimos que no cuando queremos decir que sí. Decimos que no cuando simplemente es no. Contestamos con un no sé cuando queremos decir que sí. Los queremos, los odiamos, los extrañamos y queremos matarlos. Un "qué te pasa" desencadena un desastre nuclear. Un "perdoname" no nos alcanza. Queremos mandarlos bien lejos, pero no tantos para mantenerlos controlados. Exigimos atención, pero nos hacemos las distraídas. Queremos ser escuchadas pero hacemos oídos sordos. Agendamos fechas sin sentido, pero detestamos lo cursi. Queremos estar con el actual, aunque extrañamos al ex. Vamos y venimos. Queremos y odiamos. Reímos y lloramos. Abrazamos y nos distanciamos. Hablamos y golpeamos.

¿Cómo no van a querer llorar?

domingo, 6 de marzo de 2011

Las cosas como deberían ser

Puedo mirarte a los ojos y decirte que eres lo que quiero que me suceda, pero no. Aprendí a conocerte y no me gustó para nada.
Me usaste sin importar mis sentimientos ni lo que significabas para mí. Y hoy nos queda esto, los restos de lo que fuimos alguna vez. Atrás las tardes en tu compañía, las largas charlas en la puerta de casa. Ya no tendremos la confianza que desde tanto tiempo atrás nos unía. No puedo mirarte a los ojos porque fueron mi perdición, me indujeron a dar pasos en falso.
No podré olvidar esa noche de verano en la que tiramos por la borda una amistad consolidada. Y si bien no reniego de las decisiones tomadas, a veces deseo volver el tiempo atrás. Para decirte, luego de ese momento, todo lo que sentía y pensaba sobre ti. Hoy no hay rastro alguno de esas emociones.
Es que tú mismo, con tu desamor, te has encargado de evaporarlas. Has sido el responsable de que no me interese seguir a tu lado, ni como mujer ni como amiga. Me has decepcionado y es muy difícil volver de esa situación.
Sabes que siempre te querré y serás uno de mis más fieles amigos. Por mi parte, prometo ser la mejor amiga que he sido siempre. Pero no me lastimes, no juegues con mi corazón. No hay nada peor que una mujer herida.

domingo, 9 de enero de 2011

Deseos de una mente sin rumbo

Hoy es un día como tantos y, sin embargo, pretendo liberarme. Despojarme del qué dirán, del tengo miedo, del no es mi tipo, del no tengo suerte, del qué tal si las cosas no se dan como quiero.
Decidí llevar a cabo, de una vez por todas, el vivir la vida que quiero. Voy a sonreír al despertar. Disfrutar los días soleados. Leer en las tardes de lluvia. Instruirme sobre temas nuevos siempre que pueda. Estudiar a fondo para aprobar mis exámenes. Salir con amigas a caminar sin rumbo. Conocer gente nueva. Tomar un helado con un conocido con quien nunca lo haya hecho. Decir lo que pienso sin pensar tanto en lo que digo, pero sí en el cómo. Correr por las mañanas. Prestar atención en clase. Jugar con mi perro. Nadar en la pileta. Tirarme al sol en donde pueda. Bailar alocadamente. Comer cuanto quiera. Sonreír sin parar. Decirte que te quiero.
Sí, quiero correr el riesgo de que me digas que vos no. Que podemos ser buenos amigos, tal como lo fuimos hasta ahora. O tener la fortuna de que me digas que sentís lo mismo y me beses apasionadamente. Es tan raro lo nuestro. Un sí tras un no, que se acerca cautelosamente.
Y acá estoy, dispuesta a vivir la vida tal como me gustaría hacerlo desde siempre. Me acompañás?

viernes, 22 de octubre de 2010

Lástima

Nunca fui buena a la hora de expresar los sentimientos y tal vez sea por el pánico que siento a no ser correspondida. Es como si, todo el tiempo, necesitara la aprobación del otro. Como si los sentimientos fueron un ida y vuelta, un toma y dame. Necesito ver reflejada una sonrisa de confirmación en el otro.
Tal vez espero tanto de tantos, que es por eso que acabo sintiéndome defraudada. Siempre quiero y exijo más, creo merecérmelo. Pero, ¿qué tal si no es así? ¿Qué tal si no lo merezco? Y si lo hiciera, ¿por qué estaría el resto obligado a darme algo que, tal vez, no esté dispuesto a dar?
A pesar de que sé que esas cosas son ciertas y que no puedo pretender obtener más de lo que me dan, soy una inconformista. Una de esas personas que siempre busca algo más, algo mejor. Y me doy la cabeza contra la pared, caigo al vacío y me pisa un tren.
Y vos (sí, vos) fuiste en quien más esperanzas y expectativas deposité. Siempre supe que no ibas a poder darme lo que (aún) pretendo de vos. Así y todo, decidí correr el riesgo, embarcarme en la aventura. Y me dolió, ¿sabés? Sé que no es tu culpa. Al menos, no del todo. Sé que me diste lo que considerabas mejor, lo que creías conveniente. Pero, como siempre, no me alcanzó. Y es una lástima, sí. Porque ahora todos esos sentimientos divinos que tenía hacia vos se esfumaron de a poco.
Qué momento inoportuno, ¿no? Cuando vos querés ofrecer más que siempre, "comprometerte" de alguna manera, darme más que antes... yo decido terminar acá. Y no es la primera vez, los dos lo sabemos bien. Segundas partes no son buenas, dicen. Tengo el ejemplo perfecto para refutarles: nosotros. Si bien esto se termina, es el resultado de un largo proceso. Esta segunda parte fue la mejor que viví con vos, porque empecé a sentir que (al fin) me querías de verdad.
El caso es, y espero me entiendas, que pasó mucho tiempo, no soy la misma y mi corazón cambió. Mientras estabas por ahí, siempre cerca de mí, otras personas se animaban a seducirme. Y lo lograron.
Es hora de decir adiós, pero para siempre y de verdad. No voy a eliminarte de mi vida, no es la idea. Sabés que te quiero. No habrá tercera oportunidad ni pensamientos al respecto. Aunque me duela no hablarte, no verte y no escucharte, puedo vivir con eso. No da para más

Es una lástima...

lunes, 20 de septiembre de 2010

Pensamiento estratégico y el Bambú Japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.
También es obvio que, quien cultiva la tierra, no se para impaciente frente a la semilla sembrada y le grita con todas sus fuerzas: "Crece, maldita seas".
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo convierte en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente; durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.
Sin embargo, durante el séptimo año, y en un período de tan sólo seis semanas, la planta de bambú crece más de ¡30 metros!
¿Tardó sólo seis semanas en crecer? NO. La verdad es que se tomó siete años y seis semanas para desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener luego de siete años.
En la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente el resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados a corto plazo, abandonan súbitamente, justo cuando estaban a punto de conquistar la meta.
Es tarea difícil convencer al impaciente de que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. De igual manera, es necesario que en muchas ocasiones estemos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo, y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos, debemos recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que, en tanto no bajemos los brazos ni abandonemos por no "ver " el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando, echando raíces.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando loa hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste, al fin, se materialice.
El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.